viernes, 15 de junio de 2018

Por tu ring personal.

Aprendí canciones queme hicieron sonreírte.

Casi sin tener ni idea juré haberte besado los costados para curarlos. Y, entonces, me paseé en bragas por tu ring personal para disimular las cicatrices.

Todavía me duele bailar cuando me roza tu respiración, como si armara un rompecabezas del que tiré una pieza porque nunca me encajaste. Y todavía tengo frías las manos mientras me arde la garganta de todo lo que no dije "por si acaso": por si acaso no volvías a abrazarme las heridas, por si acaso no me mirabas como si tuviéramos una guerra pendiente en tu espalda, por si acaso no aparecías cuando debías irte.

Y se me olvidó derrumbar mis "qué dirán", destaparme las dudas para que respiraran, abrazarme las heridas después de una guerra en tu espalda cuando debías irte.

Porque después de la guerra no siempre viene la gloria. No siempre la batalla ha de ser generosa y devolverte lo que te pertenece -y la tuya nunca lo hizo-.

lunes, 11 de junio de 2018

                                                                                                   a los despeinados.


Sólo hay que aprender a besar el cielo
y a pisar con fuerza el suelo.
Procurad que vuestros sueños sean
vuestro mejor mapa de carretera.
Y para brújula...
el corazón.

Puesto que ser y parecer
nunca suenan igual,
os reto a que seáis felices
y no os conforméis con parecerlo.

Perded la cordura
y no os empapéis de porqués.
Yo os propongo:
¿por qué no?

Apuntad al medio de la diana
y mantened la vista hacia la luna.
Id a por todas
cuando se trata de lo que anheláis.

Hoy es el mejor día de vuestra vida
para empezar a caminar hacia la meta.
Por el camino más torcido
o por el camino más recto,
pero no olvidéis quereros a vosotros mismos.


Quizá acabar explotando
por exceso de emociones
sea vivir la vida a plenitud.
Y permitiros ser humanos de vez en cuando.


martes, 27 de marzo de 2018

Quién.

Y todavía me pregunto quién es peor:
la persona que te pide perdón siempre por hacerte daño
o la persona que no sabe pedir perdón.

miércoles, 10 de enero de 2018

Como si te sobrara la piel.

Desapareciste y, para ser sincera, parecías un huracán.
Fue tan fácil para ti ir formando nudos que me ataran a tu espalda y luego deshacerlos como si te sobrara la piel que un día te besé.
Fue tan ordinario originar tal estruendo con mis esquemas, porque se los lanzaste contra la cara al olvido.
Y luego caminabas de puntillas por encima de cada una de las veces que soñé con tus ojos, por cada una de las veces que me lancé de cabeza.

Yo, que nunca supe escalar acantilados, quise equilibrar mis esperanzas en cada una de tus costillas.
Yo, que nunca supe cómo deshacerme de lo desecho, quise hacerme pedazos contra tus labios.
Yo, que siempre fui por ahí agarrándome el corazón, quiero arráncarmelo del pecho por cada vez que me temblaron las piernas.
Yo, que siempre enfríe mis sentimientos, quise compartirlos con tus caricias.
Yo, que nunca fui más que mis demonios, les dejé bailar sobre tus mentiras.
Yo, que nunca me dejé llevar, quise naufragar en tus miedos.

Quién lo diría.
Yo, que fui fiel a lo que dijo Sabina sobre "esta vez yo quería quererla querer".
A pesar de los traspiés.
Nunca supe cómo quería que te hicieras feliz.
Nunca supe cómo empujarte el corazón sin herirme.
Nunca supe cómo quererte sin acabar magullada.
Pero sí supe aprender de tus susurros a medianoche.
Supe dejar de enfrentarme por tus ideas y venidas.
Y supe, ante todo, a quererte de lejos porque tú no aprenderías a quererme de cerca.




martes, 9 de enero de 2018

Por jurar, lo juro.

Admito haber provocado a las madrugadas para traerte de un recuerdo que ya no existe.
He caminado por ahí con ojeras infinitas como quien acaba de perder la guerra contra la almohada. Y nunca he tenido miedo de volver a toparme con tu futuro.

Luego las margaritas decidieron deshojarse solas para recordarme que nunca quisiste a nadie. Sólo querían hacerme entender... Y yo las entendí. Y me hubiera encantado llevarles la contraria, pero sus argumentos estaban cargados de validez.

Para colmo, no hubo peor karma que mirarme de nuevo en tus ojos, con el mal sabor de una copa con la que pretendí olvidarte y las ganas de siempre de barrer las cenizas para volver a arder juntos.

Juro que no sé quién fue el peor en esta historia. No sé si fuiste tú por ser quien me desarmó las costuras o fui yo por ser quien acarició tanto los recuerdos que se hizo rozaduras.
Y juro que, todavía, no sé si fue peor el amor a quemarropa o el desamor a bocajarro.
Y, por jurar, juro que todavía tengo astillas en la lengua recordándome todo lo que no dije. Juro que aún me duelen las manos de aferrarme a un precipicio sin final feliz.
Y juro que nunca más volveré a temblar con nadie como contigo lo hice.